El 23 de agosto de 1831, el Ayuntamiento de Murcia dio licencia a Manuela Artola Ossés, viuda de Echeverría, como tutora de su hijo menor de edad José M.ª Echeverría y Artola, para instalar una aceña en su finca de Guadalupe y obtener agua de riego de la acequia Churra la Nueva, durante las dos horas de concesión ya asignadas de antes cada quince días . Era en la hacienda de Zoco, con 20 tahúllas de regadío de dicha acequia, que la limitaba al mediodía, cuyo dueño José María Echeverría y Martínez de Areta murió el 21 de mayo de 1821 en Guadalupe, quien en su testamento había dispuesto en caso de fallecer llevara la administración de la hacienda su viuda . La solicitante no construyó la aceña cuando se le autorizó; pero volvió a solicitarlo después, pidiendo ahora poder regar además otras tierras de secano de la misma finca, que se le concedió, aunque solo con el agua extraída en las dos horas ya consolidadas por tanda cada quince días . Antes de su petición, Manuela Artola logró el 2 de julio de 1931, como administradora de su hijo, que la Junta de Hacendados de la Huerta de Murcia acordara, solo una semana después su petición, la ampliación del regadío para la finca de Echeverría en Guadalupe .
Los regantes de la acequia protestaron por injusta la concesión municipal a la familia Echeverría, como otras otorgadas entonces por el Ayuntamiento, permitiendo consumir el agua que pudiese obtener el hacendado en las horas asignadas por su dotación, aunque fuese para regar otras tierras de su propiedad, en vez de dejar correr el agua sobrante en beneficio de usuarios inferiores. El Ayuntamiento no aplicó la doctrina correcta; fue por su política de amistades. El permiso para construir la aceña se dio con la condición de no regar tierras de secano entre mayo y septiembre, aunque podría obtenerse el agua con normalidad durante el resto del año, bajo la forma establecida de dos horas por tanda en la acequia Churra la Nueva, como ya lo tenía la hacienda de Zoco en Guadalupe